martes, 24 de enero de 2012

Rendición.

Hemos rendido el cuerpo,
la carne y la necesidad
sin romper nada,
sin hacer ruido.
Esther Ruiz.
 

Las manos.

En estas amortiguadas manos
descansan los tactos de invierno...
dulce es la sentencia de amor
que en mi claudica,
eternamente unidas a mi sangre.
Débil trozo de carne
abrazada por cartílagos y venas,
las terminaciones de tus nervios
están en contacto con el mundo.

Esther Ruiz

Pronunciado amor.

Pronunciado amor
hay que soñar despacio,
comprender el error
es aceptar el color
que visten los ojos,
en su infinita suma
de sangre y vida.

Pronunciado amor
las sortijas oxidadas
que adornaron otros dedos,
no nos sirven, son espaciosas
y están formadas de olvido,
de derroche en otras manos
en otros mundos desnudos.

Pronunciado amor
hemos rescatado
el temple exacto
sobre la despeinada vida,
hemos aprendido sus aristas
cuando miraban a la nada
bajo despeinados ojos dormidos.

Esther Ruiz

Practicante silencioso.

Si los labios
no dijeran “te quiero”
penarían las rosas
en el débil mundo,
en el amor sin futuro
ni mañana.

Rejuveneces mis labios
cuando en ti se abren,
fácil derrota
de mi lengua húmeda,
practicante silencioso
de todos tus besos.

Desnudos y arrojados
a los pecados,
hazme justicia esta noche
y deja que brote mi “te quiero”,
hazme la verdad
entre labios y piel anunciadores.

Esther Ruiz

Homicida pujante.

La embriaguez de tus pupilas
sugiere la sonámbula cordillera
de lejanos caminantes.

Cautivar tu pena
y dejarla secar al sol,
es ser homicida pujante en tu nombre.

Este dejo amargo
sobre corazón humano,
llena el martirio perpetuo de este nido vacío.

Esther Ruiz.

Violentamente

Violentamente,
rivalizo contigo
como el ave en tierra
sobre azoteas nocturnas.

Abierta a ti
resbala el día
por las ventanas
en las esquinas del mar.

Accidentes lentos
que caen en picado
sobre el deseo lento
de nuestras raudas manos

Violentamente...

Esther Ruiz.

Ranuras sin nombre

Errar por la tierra en el vértice singular de las cosas,
implica al pensamiento en las ranuras sin nombre del tiempo que las libra.
El agua lenta como el recuerdo, cuaja el dolor como instrumento decisivo para el costado.
Germinan las letras en su obligado abandono.
Te quiero grande poeta, perdiendo estrellas y acunando luceros. Desde la oscura sombra de tu ciega espera, tu aliento me pertenece en la cavidad de nuestras venas reventadas en tinta.

Esther Ruiz

Dureza cristalina

La pena de las luces ciegas
acentuadas en el pecho,
ensanchan la cama
sobre la que descansamos.

... Estoy pensando y tú me oyes,
aún sabiendo de la suerte
que abandono nuestras manos,
como la sangre sola...negra.

Comprendo la pregunta desecha
cuando los ojos se rozan
vacíos y solos, cerrados...
dando la espalda a su limpia mirada.

¿Donde me perdiste?
¿en que momento dejé de necesitarte?
Dureza cristalina de la voz cayendo
sobre la sabana fría de la derrota.

Esther Ruiz