domingo, 22 de diciembre de 2013

Para Alejandra Pizarnik

Que extraño el continuo desorden de la conciencia.
Llevo una estrecha hondura en este diálogo resonante, negándome mi estampa, esa que abandonó los labios de lluvia y los oídos de lago. Metálicos caprichos enroscan ...la noche ante mis ojos, una boca abierta, un hueco saturado, un frío debido. Hay pájaros enclaustrados en mis manos querida Pizarnik que aúllan como lobos hambrientos, que yacen sobre un lecho húmedo de helechos y rocas.
¿Que obra indómita dejaste en mis párpados? ¿que lacero atrapo el nudo de tus versos? ¿que mirada insolente removió tu huida?
Nunca te fuiste, ni dejaste amueblado con tu ausencia el pasillo de mi casa porque lograste ser inmortal en las acequias de mi pecho.

Esther Ruiz

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