domingo, 22 de diciembre de 2013

Soledades.

No, no hay tiempo que se detenga.
Hay un fondo que guarda el desprecio
de dos ahogados en su propia amargura,
en el silencio rotundo y mortal...
de sentirse solos.
Hay dedos que oprimen
en su suelta mano,
porque justo allí,
murió el placer de su alma.

Esther Ruiz.

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