Soledades.
No, no hay tiempo que se detenga.
Hay un fondo que guarda el desprecio
de dos ahogados en su propia amargura,
en el silencio rotundo y mortal...
de sentirse solos.
Hay dedos que oprimen
en su suelta mano,
porque justo allí,
murió el placer de su alma.
Esther Ruiz.
No, no hay tiempo que se detenga.
Hay un fondo que guarda el desprecio
de dos ahogados en su propia amargura,
en el silencio rotundo y mortal...
de sentirse solos.
Hay dedos que oprimen
en su suelta mano,
porque justo allí,
murió el placer de su alma.
Esther Ruiz.
No hay comentarios:
Publicar un comentario