Máquina sin cálculo.
No me dejes caer en la tarde
hasta que tú la asciendas
sobre las ordenes
que aprietan el pulso.
Tus perezas y mis prontos
quedan al lado
ofreciendo el beso
a la máquina sin cálculo
que es mi corazón.
Te quiero vertical
sobre sobre todas las cosas
lánzame el amor ingrávido
e invéntame entre tus vísceras
Te estoy besando más lejos,
donde la carne se escapa,
irrefutable tú, queriéndome
desde el puro milagro que de mí te ofrezco.
Esther Ruiz
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