Cuando hoy encuentres mis ojos
donde despierto desnuda cada mañana,
mortal y libre anunciando el día,
besa mi frente.
Recuerdo que antes de conocerte
mis labios olvidaron que eran tuyos,
las venas oscuras de mis sueños
tenían la forma exacta del azar.
Acudimos con puntualidad al abrazo
el supo esperar sin pedir nada
mientras nuestro futuro gritaba
vida o muerte.
Entre las manos ciegas
dejamos abrirse la memoria
entre el tierno ramaje y la censura
de la noche, allí aprendimos a mirar.
Esther Ruiz
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