Es tan infinito mirarte,
que desde esta intimidad
sosegadamente se ensancha el mundo,
advirtiendo el paso torpe
de mi labio contra el tuyo
Pensarte extensamente
me obliga a amarte extensamente,
desde la columna obstinada
al cordón umbilical
que forma tu lengua y mi sexo
Como si fueran nubes
penetras el horizonte,
desechando telas y bordados,
entrando de costado hasta el alma,
rindiéndotela en la entrega.
Suavemente y al borde de mis labios
el soplo imperceptible
del amor mismo,
en tu nuca, pinturas frescas...
en mi boca, marcas sobre el mundo.
Esther Ruiz.
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