jueves, 21 de noviembre de 2013

Tejados.

Tras los cristales observo los tejados.
¿Que más da que sean los tejados de París, de Buenos Aires, de Madrid? El contenido de los tejados son como brechas abiertas en el cielo, como vidas que viven abrazadas entre la tierra y el cielo, hundiéndose, naciendo en la resistencia sorda de la ciudad.
Voy callando, amortiguando mis ojos sobre ellos, como recibiendo la vida que me entrega esa ...visión infinita y quebrada entre labios de aire. Sobre los hombres, sobre sus días, hay un mundo lleno de tejados. Justo allí te espero, para que ya no mires como un preso encerrado, para que ya no cuentes cifras que no sirven, ya no te sirven. Gánate el cielo y sus chimeneas, ellas quieren quererte con el ansia de salvarte, de salvar tus ojos que observan también tejados.

Esther Ruiz
Gramática.

La dicha futura nos nombra,
descánsala en mi
como el temblor de gota del cielo....
Sobre mi pecho núbil
me creces,
te formas irrevocablemente.
Hablamos de amor,
desde la tentación de su voz
cumplimos vida, cara a cara,
desde las bocas que se aportan
fortuna y noche.
Descuidamos el lado terrible
de la vida frágil,
ese débil moverse
de los amantes que temen.
Creamos nuestra propia gramática
sobre la calma de los mares
y su inmensa belleza.
Hablamos de amor...

Esther Ruiz
Las cosas que nunca suceden son otras.

Tienen un olor triste, como la tumba que aguarda sus ramos de lodo, las negras lágrimas. Languidecen entre oleadas de ojos grises, bajo rudos cielos, dolientes guerreros de voz inflexible que gritan estremeciendo el aliento y su corta vida. Aúllan feroces sobre su agría melancolía, apartándose de las cosas que suceden cuando vienes a mi frente por el mar.
Las cosas que nunca suceden son otras, yo sé casi nada sobre ellas, es verdad, algún gemido de dolor, algún silencio,alguna pena bordada en el alma por maldecir el sueño, algún instante. Sé casi nada sobre la verdad impaciente, sobre sus años.

Esther Ruiz.
Epicentro.

Sobre el centro, tú
sobre ti, yo.

E.R
Tardar.

Tarda un siglo
una vida
una muerte....
No importa
el tiempo que
te lleve
si el fin
es asirte
a mi tronco
con la alegría
que llega.

Esther Ruiz
Cuerpo fiel.

He caminado por las aristas del verbo. Como la semilla del olvido, golpeé mis ojos contra los quicios viejos de antiguas penas. Fui testigo vago de naufragios y mareas, como la petrificada risa de la ola en su grito roto. El agua fría que vestía mi piel, volvía la cabeza en la almohada de memoria y su blancor de espuma.
No, no vagaba sin rumbo, sin torpezas en el anhelante hueco del querer, no amanecía en errores de imágenes ni voces mudas del ser que era, navegaba así, buscándote desde el cuerpo fiel desnudo y prometido a tus manos.

Esther Ruiz
Sueño.

He dormido en el sueño de tus manos,
con tu olor invadiendo el espacio íntimo
que abrocha mi cuello y mi boca,...
con el descanso del beso, de la vida.

Esther Ruiz.
Controversia.

Soy lo que soy,
un pájaro enjaulado,
un árbol esclavizado a su tronco. ...
Pero tú, me quieres desde ayer
cerrando la memoria,
y justo allí,
queda otra mujer, otra.

Esther Ruiz.
Aeropuertos.

Somos como aeropuertos
ambulantes de cariño.
Llegamos desnudos, temblando...
hacía la espuma de la boca.
El hallazgo profundo del encuentro
es la hechura sonrosada
y viva del ansia.
Somos aeropuertos
ambulantes de cariño,
hay un amor que invade el pecho,
indudable, irrefutable,
caminando entre baldosas
por tus manos.

Esther Ruiz.
Muda.

He mudado pluma a pluma el alma
trazando los volcanes
entre suspiro y barro....
Tú contemplas sin vértigo
este despojar de carne y rocas,
la catástrofe infinita, su pequeña
propiedad de cielo.

Esther Ruiz.
Tejer.

Tengo que sedimentar la palabra. Voy deshilachando el contenido del verso para que no sufra esta distancia de dos, en esta camisa de hilo llamada ausencia. Los ojos uniformes advierten el poema , su voluntad, estos botones del traje que me viste. He quitado las entretelas del costado para que llegue a mí el sentimiento más íntimo de tu mirar fruncido y apretado a mi sombra. Frente a la mu...ltitud de espejos que observan, desprendo las puntadas del mundo que tenía cosido a mis manos, a sus flores de calabaza, así voy tejiendo en mi cuerpo patucos bordados con tus pupilas, con esa forma tuya de sedimentar la palabra, tan exacta, tan tuya, tan irrenunciable.
 
Esther Ruiz.
Bautismo.

Tengo que bautizar tu boca,
es todo lo que necesito.
Tu par de alas húmedas, ...
y echarme a morir
cuando tu voz se abra.

Esther Ruiz.
Ropaje.

¿Qué saben los ojos de su propia muerte?
He enterrado los míos bajo un telón inmensurable,
las estrellas sudan frente al demonio de la pena....
Aquí tenéis mi voz alzada, hundiéndose en el mundo
entre cesáreas inútiles de desmembrados cuerpos,
Aquí me tenéis, helando en la sangre de mi rostro
llagas de azufre y cemento.
Aquí me tenéis, sin ropaje sobre mis cosas.
 
Esther Ruiz.
Inexacto.

Hay algo inexacto en la memoria.
Una pierna renga,
una soledad incrustada,...
una espina de pez
atravesando la traquea.

Hay algo inexacto sobre el polvo,
ese que guardan los muebles
en su arquitectura de muros vacíos,
auxilio y brechas templando
la incuestionable soledad.

El olvido es inexacto,
cuando no se sabe de quién es
ni a quién se olvida.

Esther Ruiz
BESO ÚTIL.

He pensando en responder a tus ojos desde la boca que suma, así salvar el mundo con el sabor inquieto entre los labios, con el aroma de madera dulce. El mundo podrá resistir.
Preñaremos la vida de felicidad rechazando el ruido, imitando la quietud de la alta noche donde dos consumen y realizan la indestructible voluntad del beso útil.

Esther Ruiz.
Vigías.

¿Y si vigilamos la espalda sin interceder en los domingos, ni en las bajas temperaturas, ni en la voluntad que envuelve el cuello y su cabeza?
¿Y si durante la noche dejamos que la verdad se coma todo, la resaca del dolor vivido, el silencio de la palabra callada, el cartílago de la miseria?

Esther Ruiz.
Vocablos.

Voy soltando el vocablo,
la libertad respira.
Hay un puerto,...
unas quillas inmóviles que esperan
la voz del cuerpo,
la boca abierta de amor.
 
Esther Ruiz.
Viaje.

Un beso en París,
despertar en Atenas,
el cielo de Suiza,...
las noches de Brujas.
Paseo por San Telmo,
vainilla y chocolate en Bruselas.
¿En la noche?
Terminar en tu cama de desierto
de sol a sol, de luna a luna.

Esther Ruiz
Si supieras que el largo silencio que prende de mis ojos es la prueba de otra vida.
Si supieras del dolor, del recuerdo, de esa roca que gaste desde el ahogo profundo.
Si supieras la solemnidad de mi carne sobre aquel mundo en vilo que inventamos.
Si supieras, si tú supieras el cuerpo que disfrazo de sombras, vendrías a rescatarme
del amor anónimo, de la nostalgia que sacude el alféizar de mi alma....
 
Ester Ruiz.
Los ojos mientras duermen
tratan de responder a un sueño,
quién iba a pensar
que las alas no pisan, vuelan.

Esther Ruiz
Reptar.

Hay noches que repto
entre la luz y las sombras.
Escucho la queja leve...
del miedo y sus pájaros
que encuadran el aire.

Esther Ruiz
Fatal olvido.

Voy laborando el estado de la memoria y sus funerales. Me preguntas si vivir de nuevo es adentrarse en un sarcófago de muerte que hiere y mata, dejando de lado la verdad, el impulso, esa pobreza que crece en versos, esa miseria que flota detrás de alguna conclusión incorrecta, esa opulencia abandonada con rumores de error que se abre en el fatal olvido.
¿Te olvidaste de mí aquella noche, de aquel horror profundo y mi lúgubre aliento de cien tormentas, de cántaros rotos?

Esther Ruiz.
Centinelas.

Hay centinelas en la noche que observan el peso del deseo, mientras tanto aprieto mis labios. Hay suturas en las membranas de mis dedos, como líneas de unión entre los márgenes de tu tacto, del mío, del cuerpo que te lleva hacía la última frontera.
Para que tú pudieses ser mi alma, negocié mis derechos enardecidos de ánimos, en ese constante ardor por subir a las honduras de cielos y ...bocas. Improvisé códigos de vuelo alternos en tu día y en mi noche, inventé lentes claras para observar el amor que se cumple y sus horizontales risas, esas victorias futuras que reclamaban la presencia del poema tras su resplandeciente visión del rostro que sonríe.
Hay centinelas en la noche para que no me quites del amor, para que nunca más te vayas, para que ceses en tu prueba de estar solo, sin esqueleto, como el grano de arena.

Esther Ruiz
Huérfanos

Entre dientes,
a piel vuelta,
voy colgando los trajes...
que oprimen el ansia,
este afán mío de buscarte
con el cuerpo tenso
con la sangre al pulso.
El gran error del día,
el ardor sin cálculo,
el tic tac insurrecto, insurgente.
Como me oprimen las horas,
una, dos, tres, todas.
Hay días que caminan
equivocados los besos y sus lenguas,
como una voluntad aniquilada, sola,
sin designio, anhelando ser
lo que deseamos ser.

Esther Ruiz
Desde la infancia.

No sé si por piel o alma,
por coraje o vida,
tengo una contradicción en el pecho...
que abre el ruido del tráfico,
sabe a mar y a tierra arcillosa.
Me pongo en el lado dulce de las cosas
en un camino de piedra estremecida,
en la niña que sentías adorar
el entalle de su infancia
y la reconciliación con sus años.
No sé si por piel o alma,
voy quitándome caminos,
entre dos zanjas abiertas
de lado a lado.

Esther Ruiz
Lisonjera.

Esa laringe profunda y ronca,
esos cartílagos oxidados,
esa muerte, esa pena....
Esas membranas desnudas,
ese honor que aconseja,
¿con que engaño te metiste
en el cobarde rugir sin voz?
¿me quieres muda?
Sujeta mi valor y mis ganas,
contrae tu boca lisonjera y decadente,
soy palabra y honda luz
¿que eres tú?
 
Esther Ruiz.
Corta boca.

¿Qué soledad aprieta mi sombra?
¿adorar más de lo permisible
la melancolía del cuerpo ...
brocado en espinas
es flagelante?
Esta mitad de viento
anuncia la hora desvencijada
de la triste noche.
Su corta boca no alcanza,
escapa y huye por la lengua del corazón,
sin hacerse notar,
como el beso tímido e impreciso...
sin inventario de amor.
 
Esther Ruiz
Solemne.

Como un calendario de indefensos días,
atraviesas mis manos.
Las partes hacen un todo,...
te miro desde la exclamación
trotando solemnidades de preciosa locura.
 
Esther Ruiz
A veces...reflexiono.

Hay sonidos que nos llevan a único lugar, a una única persona y un único espacio. Cuando eso ocurre es cuando duele la poesía ¿te das cuenta?. Cuesta reconocer el amor y el dolor, ambos se fusionan, se abrazan, bailan descalzos y comulgan con las mismas creencias en ese instante mágico lleno de vida y muerte, por eso un día nos encontramos.
Todo no es verdad, todo no es ment...ira, hay un equilibrio entre las cosas que suceden, aunque a veces, estamos negados a verlas, a aceptar el compromiso que adquirimos al mirarlas. Desordenamos el mueble para limpiar el polvo, pero allí están, entre los objetos que amamos, los libros, la música, los cielos...maniatamos la vida constantemente en un lecho de muerte perpetua, aceptamos la derrota cuando aún no perdimos la batalla primera. Vomitamos rencores que nos ayudan a vivir más fuertes, pero no más sabios. Humanizamos los ojos, pero no el corazón en su latido extremo, en su salvarse de la raíz, del propio daño causado.
E.R
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Tentativas.

Ya no tienen recuerdo mis manos...
he ido abandonando la fidelidad de esta soledad arraiga en mi persona y en mi nombre. Por no ir pensando en mi, por no responder mi primera pregunta y su respiro, me perdí en grandes ciudades que me arrastraban de mi tierra, del lazo inocente de mi juventud. Ahora miro a los ojos de todo el mundo, observo las palmas y sus horizontes. La imposibilidad... de extinguirme al borde del beso con labios que suman, es conservar mi amor futuro sin hacer ruido, sin romper nada.
Ya no tienen recuerdo mis manos...
quiero quedarme en la sangre que brota de nuestra herida, entregada. Hundirme en la satisfacción clara de los dientes juntos, hueso y piel, mano y mar, cuerpo y cuerpo en estas tentativas de presencia.

 Esther Ruiz.
Ábrete a mi
fecundo y tolerante.
Hay palabras y abrazos
que sabían tu existencia.
Viniste a mi...
entre ramos de olivos,
por donde vienen los soles,
así te recibí en mis manos,
aceite de mi boca.

Esther Ruiz.
Sé donde estoy.
Al tenerte de menos
me sobra el nombre,
el auxilio de ojos.
E.R
Cuervos negros.

Si pudieras sentir por un instante,
el dolor de estos párpados
sudados en lágrimas....
Desde la mortaja
que ciega mis ojos
serías consciente
del desprecio que habita
en tu ignorada conciencia.
Hay caricias perdidas
como un martillazo seco y rudo,
golpes de alma y cuerpo
que subyacen detrás de un día,
de un mundo, de una vida.
Te contemplo dolor
desde esta esfera de carne rasgada,
arcana desde su propio delirio,
llorar e inútilmente sacudir los brazos
para ahuyentar los cuervos negros
que a mi se ciñen sin descanso, sin tregua.
Soy yo, admite la grieta punzante
que dejó sobre mi cuerpo, en mi mente,
las manos de la destrucción,
la aberrante conducta de tus mudas soledades.

Esther Ruiz.
Ya no preguntaras que sucedió.
¿Acaso tú caminaste alguna vez
entre la ausencia y el ensueño?
Los vastos fondos del tiempo
cuentan las dimensiones...
de esta cárcel
y su grieta atroz.

Esther Ruiz.
Irrefutable amor, he pensado en estas horas en las que mis ojos quedan exiliados de los corredores de tu boca, sin nombre en la tierra, escondida entre las zarzas y sus espinas. Amargo cáliz que con decisión agoto noche tras noche, luna tras luna, tras los velos de mis párpados que sudan soledades imploro al labio que exhalará el suspiro ese que guarda el alma mía.
No hay libertad sin vuelo, ni ve...rdad sin textura. Nuestro gozo que en mi mente imagino, me guía por el inquieto deseo de tu cuello y tus cumbres.
Irrefutable amor, soy honesta con tu boca, desde este pecho abierto que subyace en mi risa, te quiero en este mar redondo, en la pluma, en el silencio y su forma,repetida y plena. En esta hora de alianzas y despojos, yo te amo, en la disciplina absoluta de tu extensa mano.

Esther Ruiz.
Tiene miedo la sospecha de nosotros, ya no somos los mismos de anoche, cruzamos las manos frente a la duda, frente a la oscuridad caliente del ensueño hecho ausencia.
Pueril la palabra que en su callar se abolía, como el grito silencioso de los párpados tristísimos al alba. Lo supimos, tú y yo lo supimos, vagabundos en presencia, fáciles sobre la nada.
No salvamos la resignación ni la muerte, ni los pasos del cadáver con su eco, entrando en el beso al revés, haciendo mil pedazos la verdad y su palabra.

Esther Ruiz.
Espectros.

Como una sentencia de ojos,
te descubro apuntando en el aire
esa soledad incrustada, tan tuya....

El tacto negro de tus manos
se sucede entre los nichos de sombras,
tus espectros por brazos
me besan los labios duros, secos.

Hundirse en la luz
hacía lo más profundo, callada,
rezumando en mis huesos
la sentencia del largo olvido.
 
Esther Ruiz.
Pobre luna, tantas entregas parten tu alma, te prostituyen los amantes, las bocas y sus sexos, te comparten sin importar cuanto pesa tu sombra sobre el río.
Pobre luna, esa pluma te desnuda noche tras noche, dueña de tu risa y de tu garganta sin pecado. Como una pompa de palabras te deshaces por los conductos de algún sueño, sin poder ser dueña de tantos, señora de nadie. En tu rostro, las buenas y primeras intenciones, los últimos y varados versos.

Esther Ruiz.
Escojo tu voz,
entre todas las voces del mundo
yo escojo tu voz.
Sabrás el porque
en tu madura y húmeda lengua,...
en el aire que beso
desde el cielo de tus ojos.
La fonética que trazas
entre tus alfareras manos,
en la curva de silencio y barro,
allí me desarmas
abriendo mi amor
ante esa materia perdurable,
tu voz.

Esther Ruiz.
Vengo intuyendo un sueño, un respiro. Ese vuelo parado
de tu libertad a la mía, ese brotar azul de tu nombre por lo corredores profundos de mi vida. Sin buscar más, sin renunciar a tu ser vulnerable, así, de esa manera calmo el mundo, quedando doblada sobre ti. Cuando parece imposible querer sin dejarlo, pisar los cielos y mirarnos desde el absoluto conocimiento de dos, acariciamos la salvación que llega porque queremos salvarnos de las ruinas de distancia, justo en ese hallazgo el amor tiembla altísimo y claro en su retorno por el tiempo sin medida. El beso de dos construyendo la pequeña muerte en el filo de sus bocas.
¿Que me traes muerte negra?
¿Tu gran obra era fustigar
el ruido para dejarme sola?
Me respondes a medias,
como la verdad final...
de un cielo recortado, negro,
ceñido a tu sombra el desgarro
y mis ganas.
¿Que me traes muerte negra?
Este chocar de esquinas
con los ojos empañados en alma,
este arrancar a puñados
del costado lacerado
mi dolor hundido en miseria.
Tanto me vaciaste
que atravieso tu aliento
mirándote de frente
en la herida sin medida
que siento en mis manos,
en el quiebro de dolor
que de ti aprendió mi pecho.

Esther Ruiz.
Acercarme a tu boca, como para no perder el sueño. Acercarme y encontrarme en ti, bajo el abrigo de tu lengua.
Encontrarte.
Esther Ruiz
Me golpeas el alma con esa ferocidad loca de tu dulzura, aterrizando la ternura de tus manos sobre el manto adormecido de algún poema. E.R
Llego con mis ojos como a horcajadas, doblegando el silencio y la mente que lo contiene. No soy de nadie, ni tan siquiera tuya. No tengo dueño ni playa, me viste el llanto y la soledad de un mundo en construcción, detrás de este luto negro que apadrina mi risa.
E.R
Regreso a ti como una costumbre rota.
Compárame con otras gentes, con esos ruidos de tierras sin palabra. Un silencio se llena de otro cuando perdemos la triste voz, con su dignidad perdida soldada al testimonio ardiente de unos labios solos. Perdóname por esta reputación solemne de amarme en la tormenta, en las conversaciones de sombras que cuchichean y riñen sobre la voluntad de los barcos y sus quillas de corazón blando, hay lluvia en la maldita tarde, en sus nubes abiertas.

Esther Ruiz.
Había algo en el color de su boca que me impulsaba violentamente a precipitarme sobre esas comisuras rojas de filo jugoso. No tendríamos tiempo de conocer París, ni de caminar por Monmartre para llegar con nuestros pies al Sacrè Coeur, no habría tiempo para encerrar el alma en Notre Dame y adivinar el silencio que allí habita, no lo había.
No podíamos esperar distraídamente que se abrieran los ojo...s cerrados que jugaban a adivinar. Pegamos el oído al cielo y más allá de las constelaciones, escogimos cuerpo, sitio, hora, comprendiendo la diferencia entre ala y vuelo, repoblando los aires, dependiendo de una voz baja. Allí, supimos el significado de la juntura que forman brazo y pecho, escapando dulcemente de las avenidas solas que nos desangraban.

Esther Ruiz.
Hoy no sé que escribir.
Ando con la humedad callada
metida en los huesos,
rota, fría, afónica...
¿Será que guardo ...
mi libertad para ti?
Clavada en el lecho
la palabra,
¿entre tú y yo?
ese brazo extendido
por no estrechar
tu querer callado.

Esther Ruiz.
Lo que queda dentro me palpita,
nutre la sangre lenta.
Mírala, te la muestro
porque eres necesario
en su ansia.

E.R
¿Y si probamos a filtrar el aire que entra por nuestras bocas?
¿quedaran insomnes los ojos y sus noches?
¿acusara la ausencia el desvarío?
No hay hueco en esta cercanía de quererte
ni en su cercenada sombra.
E.R
No hay secreto
a la hora de crear poesía.
Somos bocas rotas
que anudan tiempo y lenguas.
No hay secreto, ...
no lo hay...

E.R
Si muriera hoy entre tanto silencio, tempestades de amantes lloverían desde el cielo para recordarnos las gastadas horas que no nos vivimos. Los troncos rectos de nuestras lenguas escaparían de sus palabras en una soledad llamada ausencia y escuadrones de espera vendrían a unirse dejando atrás su esqueleto de amor y luz, para abrir almas por la mitad, en lo que de vez en cuando parece vida.

Esther Ruiz.
Y muestro esta debilidad mía de besar tu boca, queriéndote antes del silencio, hundirse en la satisfacción de dos lenguas voluntarias. El beso no podría resistir lo que resisten ellos, los ojos, el tacto, la sangre, el alma, no podría acudir a nosotros en esa intimidad creadora de los labios que palpan. Por ello, liberamos el gozo con soledades nuevas, entre una y otra, para olvidar los antiguos trajes que nos vestían.

Esther Ruiz.
No sé si por la vértebras del verbo, a través de sus grietas.
No sé como llegue aquí, instalándome entre la orilla y el acantilado de alguna poesía con nombre. E.R