Había algo en el color de su boca que me impulsaba violentamente a precipitarme sobre esas comisuras rojas de filo jugoso. No tendríamos tiempo de conocer París, ni de caminar por Monmartre para llegar con nuestros pies al Sacrè Coeur, no habría tiempo para encerrar el alma en Notre Dame y adivinar el silencio que allí habita, no lo había.
No podíamos esperar distraídamente que se abrieran los ojo...s cerrados que jugaban a adivinar. Pegamos el oído al cielo y más allá de las constelaciones, escogimos cuerpo, sitio, hora, comprendiendo la diferencia entre ala y vuelo, repoblando los aires, dependiendo de una voz baja. Allí, supimos el significado de la juntura que forman brazo y pecho, escapando dulcemente de las avenidas solas que nos desangraban.
Esther Ruiz.
No podíamos esperar distraídamente que se abrieran los ojo...s cerrados que jugaban a adivinar. Pegamos el oído al cielo y más allá de las constelaciones, escogimos cuerpo, sitio, hora, comprendiendo la diferencia entre ala y vuelo, repoblando los aires, dependiendo de una voz baja. Allí, supimos el significado de la juntura que forman brazo y pecho, escapando dulcemente de las avenidas solas que nos desangraban.
Esther Ruiz.
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