Vigías.
¿Y si vigilamos la espalda sin interceder en los domingos, ni en las bajas temperaturas, ni en la voluntad que envuelve el cuello y su cabeza?
¿Y si durante la noche dejamos que la verdad se coma todo, la resaca del dolor vivido, el silencio de la palabra callada, el cartílago de la miseria?
Esther Ruiz.
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