Regreso a ti como una costumbre rota.
Compárame con otras gentes, con esos ruidos de tierras sin palabra. Un silencio se llena de otro cuando perdemos la triste voz, con su dignidad perdida soldada al testimonio ardiente de unos labios solos. Perdóname por esta reputación solemne de amarme en la tormenta, en las conversaciones de sombras que cuchichean y riñen sobre la voluntad de los barcos y sus quillas de corazón blando, hay lluvia en la maldita tarde, en sus nubes abiertas.
Esther Ruiz.
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