Pobre luna, tantas entregas parten tu alma, te prostituyen los amantes, las bocas y sus sexos, te comparten sin importar cuanto pesa tu sombra sobre el río.
Pobre luna, esa pluma te desnuda noche tras noche, dueña de tu risa y de tu garganta sin pecado. Como una pompa de palabras te deshaces por los conductos de algún sueño, sin poder ser dueña de tantos, señora de nadie. En tu rostro, las buenas y primeras intenciones, los últimos y varados versos.
Esther Ruiz.
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