Las cosas que nunca suceden son otras.
Tienen un olor triste, como la tumba que aguarda sus ramos de lodo, las negras lágrimas. Languidecen entre oleadas de ojos grises, bajo rudos cielos, dolientes guerreros de voz inflexible que gritan estremeciendo el aliento y su corta vida. Aúllan feroces sobre su agría melancolía, apartándose de las cosas que suceden cuando vienes a mi frente por el mar.
Las cosas que nunca suceden son otras, yo sé casi nada sobre ellas, es verdad, algún gemido de dolor, algún silencio,alguna pena bordada en el alma por maldecir el sueño, algún instante. Sé casi nada sobre la verdad impaciente, sobre sus años.
Esther Ruiz.
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