Que hipócrita es el alma vacía...
las cosas irreales
también forman planetas
hacen palpitar el mundo
en húmedas albas silenciosas
vuelve a ser tarde
delante siempre tengo los ojos
rodeados de murallas
dando muerte a su propio nervio
no es preciso que seamos lo que fuimos
tú siempre dormías
cuando yo estaba en vela
gritos dolorosos segaban mi pecho
estamos fatigados
de las estelas del camino
se desdicen las promesas
e incluso la alegría de aquel secreto
manadas de hienas esperan los despojos
ya no eres un alma serena
y mi carne solo contestaría la pena
obstáculo de mi esperanza
pero que nadie piense que me dí por vencida
ni la muerte podrá
con estas lagrimas cansadas,
aposté por una carta muy alta.
Esther Ruiz
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