Yo estaba allí...
presente en tu tiempo,
inagotable movimiento
entre millones de otoños,
la dulzura destilada
creció en mis venas
vertical, firme, sin limite...
sintiéndote como una sola sangre
Penetras el "yo"
para germinar el "nosotros"
no hubo fecha, ni días...
las horas las marcaban
los seres del mundo que nos contemplaban
su carne, su vida, su muerte
pero nuestros pies
pisaron el mundo desprendiendo silencios
Cada nuevo abrazo
nacía del mismo abrazo
porvenir de nuestras manos, de la calma.
Comprendí que no hay mas mente
que el lenguaje vivo,
mientras me mires con tus ojos fijos,
solamente mirándome fijamente
se hará tu voluntad, precipitada en mi cuerpo.
Esther Ruiz
No hay comentarios:
Publicar un comentario