domingo, 3 de febrero de 2013

25.


¿Y si inundamos la primavera

con el húmedo hueso de nuestras

propias lenguas?

¿seriamos capaces de escapar

del mundo desordenado,

de sus horas,

de sus tiempos,

de sus inútiles relojes de arena?

¿Dejarías correr los ríos,

los triunfos y sus derrotas?

Retroceder en la tarde

como regresa la mirada

audaz e íntima que proporciona

la espera.

¿Podríamos inventar el nervio

del sueño, ser el músculo que

da vida a la propia muerte?

Besar la ilusión de nuestros ojos

enfrentados sin ofensas,

sin ruegos, sin demora.

Reconocernos erguidos

bajo nuestro aliento.

¿Dime, podríamos existir

entre el vértigo y el vientre

que engendramos?

Amor, inventa el infinito,

dale forma entre la infinitud

de heridas y la nostalgia anónima

de los que eramos y hoy,

por fin, se buscan.


Esther Ruiz

No hay comentarios:

Publicar un comentario