Te debo la razón escapada del mapa, la
alegría sola que me arranca de la duda, la historia, los siglos que
ante mi pasaron queriendo con los ojos. El sueño que duermo, los
párpados del aire, la cuenta distinta que se multiplica en la noche.
El recuerdo sin olvido, las miradas de tiza, y el amor del hombre
detrás de la sombra de sus codos, el sueño de cenizas húmedas.
Te debo el desnudo de los huesos, la
palabra mía, mi conciencia, la sílaba necesaria para el silencio.
El hambre del alma, del pan, los pulmones que se expanden abriendo al
aire su vida, el temblor firme del jadeo agitado. La raíz honda de
tu tierra, el dedo acusador, mi bello erizado, el hilo de mis dedos,
el grávido amor que en ti deposito.
Te debo los brazos largos, el ceño
fruncido, la libertad de la pena, la verdad segura, y te debo....la
última forma de amar, como el que se debe al último amor.
Esther Ruiz.
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