Estúpida vida que quería vivir sin
nuestros brazos.
La vaga imagen de los espejos nos hacía
regresar la mirada. El rostro fiero y corpóreo en su resignación
absoluta de muerte, desafiaba el ejercicio rítmico del cuerpo que lo
sostenía.
¿Donde te encontrabas entonces, antes
de que mi carne fuera carne? cuando mis manos dormían el letargo
impuesto por la temerosa costumbre de sentirse vacías. Interrogo la
astucia mortal que en mis huesos engendraron ausencias, viviendo el
efímero sueño del pasado.
Tengo que rodear tu presencia, en el
instante que exalta el hueco por donde llega tu mirada, quedarme
allí, sobre esta obligada prisa que inexorablemente te entrega el
mundo en un pequeño gesto, en un latido de brazos.
Esther Ruiz
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