domingo, 3 de febrero de 2013

33.


Estúpida vida que quería vivir sin nuestros brazos.

La vaga imagen de los espejos nos hacía regresar la mirada. El rostro fiero y corpóreo en su resignación absoluta de muerte, desafiaba el ejercicio rítmico del cuerpo que lo sostenía.

¿Donde te encontrabas entonces, antes de que mi carne fuera carne? cuando mis manos dormían el letargo impuesto por la temerosa costumbre de sentirse vacías. Interrogo la astucia mortal que en mis huesos engendraron ausencias, viviendo el efímero sueño del pasado.

Tengo que rodear tu presencia, en el instante que exalta el hueco por donde llega tu mirada, quedarme allí, sobre esta obligada prisa que inexorablemente te entrega el mundo en un pequeño gesto, en un latido de brazos.



Esther Ruiz

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