Hay silencio.
Las estancias llenas de silencios.
Perforan el tímpano del tiempo en su flujo callado, se quedan, se
meten, se adueñan. Son silencios bellos, brotan del interior al
borde de todas las cosas. Revotan en las paredes, en el escritorio,
en la taza de café, en las letras. Son como estaciones de trenes,
como ramas de lluvia que golpean torpes la vidriera.
Hay silencio.
Para hacer el amor, hace falta
silencio. Retorcerse en el sonido que abraza el buen amor, en las
voces que se llaman y que se están mirando. La carne estremecida
tiembla entre tierra y agua, a bocanadas bebiendo vida y muerte,
declarando vencido el enorme corazón.
Hay silencio.
Íntimos silencios para el cuerpo que
se ofrece. También te amo en esta hora de silencio.
Esther Ruiz.
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