Las manos son inocentes, acuden siempre
desprendidamente al contorno exacto de la madrugada.
Inventoras del pecado, aman al autor
lento de su alegría. Acaban en delirio y mentira, cuando austeras,
pierden la forma fiel de la mañana.
¿Que recorrido tienen las manos?
Enamorarnos y resistir a nuestra propia muerte desde la caricia pura,
blanca. Las manos son blancas, exentas de fondo.
A veces confunden la vida e inventan
anillos donde aprisionar su forma libre, intacta. Por eso, quiero tus
manos libres, sueltas, inocentes.
Esther Ruiz.
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