Si vencemos al crepitar desnudo del
silencio, a los despojos rotos que quieren amordazar las lenguas, a
la permisible sombra con sus labios sonrientes, al desahucio de los
dedos, a la prisión de la piel dormida, a la arquitectura de los
sueños vacíos, al aniquilado contacto del fuego y el agua, a la
dureza de las bocas que no conocen, a la palabra quebrada, a la
ignorancia preñada de dudas, a la soledad y a su brecha imparable, a
la espada mortal que destruye el “somos”, a los miembros con
límites, a las entrañas yermas, a los juicios sin aliento...
Si vencemos, dejaremos de ser almas
ciegas.
Esther Ruiz.
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