Me gusta tanto la cotidianidad de tus
ojos, que se me escurre por entre la mirada las cosas pequeñas.
Son esquinas profundas que se pueden
contemplar sin vértigo ni espanto.
Me gusta tanto la cotidianidad de tus
ojos, cuando el golpe de risa atraviesa tu boca, disfrutandonos
enteros los párpados horizontales de la reposada incógnita.
Me gusta tanto la cotidianidad de tus
ojos, cuando me dejas trepar por el silencio de observarme, ellos
están uniformados de ansiedad cuando miran el amor de frente.
Me gusta tanto la cotidianidad de tus
ojos, cuando ceñidos a los míos estás salvando el continente del
día, en su embriaguez de pupilas que narcotizan todo lo que aman.
Me gusta tanto la cotidianidad de tus
ojos.
Esther Ruiz
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