domingo, 22 de diciembre de 2013

Congelar la sangre,
quedarnos como piedras.
No hay renglones derechos
que se acerquen a mis ojos,
no los hay.

E.R
Me he vuelto expresiva
con los años,
despierta en la mueca
de algún sueño,
como abrazada a su terquedad
y sus sombras.

Esther Ruiz.
Para Alejandra Pizarnik

Que extraño el continuo desorden de la conciencia.
Llevo una estrecha hondura en este diálogo resonante, negándome mi estampa, esa que abandonó los labios de lluvia y los oídos de lago. Metálicos caprichos enroscan ...la noche ante mis ojos, una boca abierta, un hueco saturado, un frío debido. Hay pájaros enclaustrados en mis manos querida Pizarnik que aúllan como lobos hambrientos, que yacen sobre un lecho húmedo de helechos y rocas.
¿Que obra indómita dejaste en mis párpados? ¿que lacero atrapo el nudo de tus versos? ¿que mirada insolente removió tu huida?
Nunca te fuiste, ni dejaste amueblado con tu ausencia el pasillo de mi casa porque lograste ser inmortal en las acequias de mi pecho.

Esther Ruiz
Soledades.

No, no hay tiempo que se detenga.
Hay un fondo que guarda el desprecio
de dos ahogados en su propia amargura,
en el silencio rotundo y mortal...
de sentirse solos.
Hay dedos que oprimen
en su suelta mano,
porque justo allí,
murió el placer de su alma.

Esther Ruiz.

Firmar un regreso rápido y efectivo en la palabra.
Es difícil desarrollar el verso cuando vive sin ganas, escondido en los resortes de la letra.
E.R
Hay tanto ruido en la mañana.
Sí, estamos equivocados
desgastados de los días,
de sus fieras angustiadas
que perforan noches.
Hay tanto ruido en la mañana, ...
en este músculo que cuelga por lengua,
en las bocas entreabiertas
llenas de polvo y humo
en su vida desatenta.

Esther Ruiz.

No busco nada personal contigo,
excepto ese murmullo que captan las aves
en la fuerza que alienta ese morir de la tarde.
E.R
Un cuerpo preciso guardar el aire en esta tentación de voz que te llama, reclama este querer callado sobre el mundo. Se rompen los brazos cansados en su resistencia sorda que soportan mi noche. Allí, al otro lado del mar, alguien guarda la ...fuerza libradora del camino.
Pájaros atraviesan mis párpados, como ejércitos que buscan hogares, nombres, verbos, lineas que cortan la infinitud que habitamos. Todo lo hizo el hombre y sus desmesuradas ausencias, las torres de Babilonia, el encaje sutilmente labrado del sol, las intenciones de la tierra, las rayas sin sentido de la palma de mi mano. Un cuerpo preciso guarda las alas de mi suerte.

Esther Ruiz.

jueves, 21 de noviembre de 2013

Tejados.

Tras los cristales observo los tejados.
¿Que más da que sean los tejados de París, de Buenos Aires, de Madrid? El contenido de los tejados son como brechas abiertas en el cielo, como vidas que viven abrazadas entre la tierra y el cielo, hundiéndose, naciendo en la resistencia sorda de la ciudad.
Voy callando, amortiguando mis ojos sobre ellos, como recibiendo la vida que me entrega esa ...visión infinita y quebrada entre labios de aire. Sobre los hombres, sobre sus días, hay un mundo lleno de tejados. Justo allí te espero, para que ya no mires como un preso encerrado, para que ya no cuentes cifras que no sirven, ya no te sirven. Gánate el cielo y sus chimeneas, ellas quieren quererte con el ansia de salvarte, de salvar tus ojos que observan también tejados.

Esther Ruiz
Gramática.

La dicha futura nos nombra,
descánsala en mi
como el temblor de gota del cielo....
Sobre mi pecho núbil
me creces,
te formas irrevocablemente.
Hablamos de amor,
desde la tentación de su voz
cumplimos vida, cara a cara,
desde las bocas que se aportan
fortuna y noche.
Descuidamos el lado terrible
de la vida frágil,
ese débil moverse
de los amantes que temen.
Creamos nuestra propia gramática
sobre la calma de los mares
y su inmensa belleza.
Hablamos de amor...

Esther Ruiz
Las cosas que nunca suceden son otras.

Tienen un olor triste, como la tumba que aguarda sus ramos de lodo, las negras lágrimas. Languidecen entre oleadas de ojos grises, bajo rudos cielos, dolientes guerreros de voz inflexible que gritan estremeciendo el aliento y su corta vida. Aúllan feroces sobre su agría melancolía, apartándose de las cosas que suceden cuando vienes a mi frente por el mar.
Las cosas que nunca suceden son otras, yo sé casi nada sobre ellas, es verdad, algún gemido de dolor, algún silencio,alguna pena bordada en el alma por maldecir el sueño, algún instante. Sé casi nada sobre la verdad impaciente, sobre sus años.

Esther Ruiz.
Epicentro.

Sobre el centro, tú
sobre ti, yo.

E.R
Tardar.

Tarda un siglo
una vida
una muerte....
No importa
el tiempo que
te lleve
si el fin
es asirte
a mi tronco
con la alegría
que llega.

Esther Ruiz
Cuerpo fiel.

He caminado por las aristas del verbo. Como la semilla del olvido, golpeé mis ojos contra los quicios viejos de antiguas penas. Fui testigo vago de naufragios y mareas, como la petrificada risa de la ola en su grito roto. El agua fría que vestía mi piel, volvía la cabeza en la almohada de memoria y su blancor de espuma.
No, no vagaba sin rumbo, sin torpezas en el anhelante hueco del querer, no amanecía en errores de imágenes ni voces mudas del ser que era, navegaba así, buscándote desde el cuerpo fiel desnudo y prometido a tus manos.

Esther Ruiz
Sueño.

He dormido en el sueño de tus manos,
con tu olor invadiendo el espacio íntimo
que abrocha mi cuello y mi boca,...
con el descanso del beso, de la vida.

Esther Ruiz.
Controversia.

Soy lo que soy,
un pájaro enjaulado,
un árbol esclavizado a su tronco. ...
Pero tú, me quieres desde ayer
cerrando la memoria,
y justo allí,
queda otra mujer, otra.

Esther Ruiz.
Aeropuertos.

Somos como aeropuertos
ambulantes de cariño.
Llegamos desnudos, temblando...
hacía la espuma de la boca.
El hallazgo profundo del encuentro
es la hechura sonrosada
y viva del ansia.
Somos aeropuertos
ambulantes de cariño,
hay un amor que invade el pecho,
indudable, irrefutable,
caminando entre baldosas
por tus manos.

Esther Ruiz.
Muda.

He mudado pluma a pluma el alma
trazando los volcanes
entre suspiro y barro....
Tú contemplas sin vértigo
este despojar de carne y rocas,
la catástrofe infinita, su pequeña
propiedad de cielo.

Esther Ruiz.
Tejer.

Tengo que sedimentar la palabra. Voy deshilachando el contenido del verso para que no sufra esta distancia de dos, en esta camisa de hilo llamada ausencia. Los ojos uniformes advierten el poema , su voluntad, estos botones del traje que me viste. He quitado las entretelas del costado para que llegue a mí el sentimiento más íntimo de tu mirar fruncido y apretado a mi sombra. Frente a la mu...ltitud de espejos que observan, desprendo las puntadas del mundo que tenía cosido a mis manos, a sus flores de calabaza, así voy tejiendo en mi cuerpo patucos bordados con tus pupilas, con esa forma tuya de sedimentar la palabra, tan exacta, tan tuya, tan irrenunciable.
 
Esther Ruiz.
Bautismo.

Tengo que bautizar tu boca,
es todo lo que necesito.
Tu par de alas húmedas, ...
y echarme a morir
cuando tu voz se abra.

Esther Ruiz.
Ropaje.

¿Qué saben los ojos de su propia muerte?
He enterrado los míos bajo un telón inmensurable,
las estrellas sudan frente al demonio de la pena....
Aquí tenéis mi voz alzada, hundiéndose en el mundo
entre cesáreas inútiles de desmembrados cuerpos,
Aquí me tenéis, helando en la sangre de mi rostro
llagas de azufre y cemento.
Aquí me tenéis, sin ropaje sobre mis cosas.
 
Esther Ruiz.
Inexacto.

Hay algo inexacto en la memoria.
Una pierna renga,
una soledad incrustada,...
una espina de pez
atravesando la traquea.

Hay algo inexacto sobre el polvo,
ese que guardan los muebles
en su arquitectura de muros vacíos,
auxilio y brechas templando
la incuestionable soledad.

El olvido es inexacto,
cuando no se sabe de quién es
ni a quién se olvida.

Esther Ruiz
BESO ÚTIL.

He pensando en responder a tus ojos desde la boca que suma, así salvar el mundo con el sabor inquieto entre los labios, con el aroma de madera dulce. El mundo podrá resistir.
Preñaremos la vida de felicidad rechazando el ruido, imitando la quietud de la alta noche donde dos consumen y realizan la indestructible voluntad del beso útil.

Esther Ruiz.
Vigías.

¿Y si vigilamos la espalda sin interceder en los domingos, ni en las bajas temperaturas, ni en la voluntad que envuelve el cuello y su cabeza?
¿Y si durante la noche dejamos que la verdad se coma todo, la resaca del dolor vivido, el silencio de la palabra callada, el cartílago de la miseria?

Esther Ruiz.
Vocablos.

Voy soltando el vocablo,
la libertad respira.
Hay un puerto,...
unas quillas inmóviles que esperan
la voz del cuerpo,
la boca abierta de amor.
 
Esther Ruiz.
Viaje.

Un beso en París,
despertar en Atenas,
el cielo de Suiza,...
las noches de Brujas.
Paseo por San Telmo,
vainilla y chocolate en Bruselas.
¿En la noche?
Terminar en tu cama de desierto
de sol a sol, de luna a luna.

Esther Ruiz
Si supieras que el largo silencio que prende de mis ojos es la prueba de otra vida.
Si supieras del dolor, del recuerdo, de esa roca que gaste desde el ahogo profundo.
Si supieras la solemnidad de mi carne sobre aquel mundo en vilo que inventamos.
Si supieras, si tú supieras el cuerpo que disfrazo de sombras, vendrías a rescatarme
del amor anónimo, de la nostalgia que sacude el alféizar de mi alma....
 
Ester Ruiz.
Los ojos mientras duermen
tratan de responder a un sueño,
quién iba a pensar
que las alas no pisan, vuelan.

Esther Ruiz
Reptar.

Hay noches que repto
entre la luz y las sombras.
Escucho la queja leve...
del miedo y sus pájaros
que encuadran el aire.

Esther Ruiz
Fatal olvido.

Voy laborando el estado de la memoria y sus funerales. Me preguntas si vivir de nuevo es adentrarse en un sarcófago de muerte que hiere y mata, dejando de lado la verdad, el impulso, esa pobreza que crece en versos, esa miseria que flota detrás de alguna conclusión incorrecta, esa opulencia abandonada con rumores de error que se abre en el fatal olvido.
¿Te olvidaste de mí aquella noche, de aquel horror profundo y mi lúgubre aliento de cien tormentas, de cántaros rotos?

Esther Ruiz.
Centinelas.

Hay centinelas en la noche que observan el peso del deseo, mientras tanto aprieto mis labios. Hay suturas en las membranas de mis dedos, como líneas de unión entre los márgenes de tu tacto, del mío, del cuerpo que te lleva hacía la última frontera.
Para que tú pudieses ser mi alma, negocié mis derechos enardecidos de ánimos, en ese constante ardor por subir a las honduras de cielos y ...bocas. Improvisé códigos de vuelo alternos en tu día y en mi noche, inventé lentes claras para observar el amor que se cumple y sus horizontales risas, esas victorias futuras que reclamaban la presencia del poema tras su resplandeciente visión del rostro que sonríe.
Hay centinelas en la noche para que no me quites del amor, para que nunca más te vayas, para que ceses en tu prueba de estar solo, sin esqueleto, como el grano de arena.

Esther Ruiz
Huérfanos

Entre dientes,
a piel vuelta,
voy colgando los trajes...
que oprimen el ansia,
este afán mío de buscarte
con el cuerpo tenso
con la sangre al pulso.
El gran error del día,
el ardor sin cálculo,
el tic tac insurrecto, insurgente.
Como me oprimen las horas,
una, dos, tres, todas.
Hay días que caminan
equivocados los besos y sus lenguas,
como una voluntad aniquilada, sola,
sin designio, anhelando ser
lo que deseamos ser.

Esther Ruiz
Desde la infancia.

No sé si por piel o alma,
por coraje o vida,
tengo una contradicción en el pecho...
que abre el ruido del tráfico,
sabe a mar y a tierra arcillosa.
Me pongo en el lado dulce de las cosas
en un camino de piedra estremecida,
en la niña que sentías adorar
el entalle de su infancia
y la reconciliación con sus años.
No sé si por piel o alma,
voy quitándome caminos,
entre dos zanjas abiertas
de lado a lado.

Esther Ruiz
Lisonjera.

Esa laringe profunda y ronca,
esos cartílagos oxidados,
esa muerte, esa pena....
Esas membranas desnudas,
ese honor que aconseja,
¿con que engaño te metiste
en el cobarde rugir sin voz?
¿me quieres muda?
Sujeta mi valor y mis ganas,
contrae tu boca lisonjera y decadente,
soy palabra y honda luz
¿que eres tú?
 
Esther Ruiz.
Corta boca.

¿Qué soledad aprieta mi sombra?
¿adorar más de lo permisible
la melancolía del cuerpo ...
brocado en espinas
es flagelante?
Esta mitad de viento
anuncia la hora desvencijada
de la triste noche.
Su corta boca no alcanza,
escapa y huye por la lengua del corazón,
sin hacerse notar,
como el beso tímido e impreciso...
sin inventario de amor.
 
Esther Ruiz
Solemne.

Como un calendario de indefensos días,
atraviesas mis manos.
Las partes hacen un todo,...
te miro desde la exclamación
trotando solemnidades de preciosa locura.
 
Esther Ruiz
A veces...reflexiono.

Hay sonidos que nos llevan a único lugar, a una única persona y un único espacio. Cuando eso ocurre es cuando duele la poesía ¿te das cuenta?. Cuesta reconocer el amor y el dolor, ambos se fusionan, se abrazan, bailan descalzos y comulgan con las mismas creencias en ese instante mágico lleno de vida y muerte, por eso un día nos encontramos.
Todo no es verdad, todo no es ment...ira, hay un equilibrio entre las cosas que suceden, aunque a veces, estamos negados a verlas, a aceptar el compromiso que adquirimos al mirarlas. Desordenamos el mueble para limpiar el polvo, pero allí están, entre los objetos que amamos, los libros, la música, los cielos...maniatamos la vida constantemente en un lecho de muerte perpetua, aceptamos la derrota cuando aún no perdimos la batalla primera. Vomitamos rencores que nos ayudan a vivir más fuertes, pero no más sabios. Humanizamos los ojos, pero no el corazón en su latido extremo, en su salvarse de la raíz, del propio daño causado.
E.R
Ver más
Tentativas.

Ya no tienen recuerdo mis manos...
he ido abandonando la fidelidad de esta soledad arraiga en mi persona y en mi nombre. Por no ir pensando en mi, por no responder mi primera pregunta y su respiro, me perdí en grandes ciudades que me arrastraban de mi tierra, del lazo inocente de mi juventud. Ahora miro a los ojos de todo el mundo, observo las palmas y sus horizontes. La imposibilidad... de extinguirme al borde del beso con labios que suman, es conservar mi amor futuro sin hacer ruido, sin romper nada.
Ya no tienen recuerdo mis manos...
quiero quedarme en la sangre que brota de nuestra herida, entregada. Hundirme en la satisfacción clara de los dientes juntos, hueso y piel, mano y mar, cuerpo y cuerpo en estas tentativas de presencia.

 Esther Ruiz.
Ábrete a mi
fecundo y tolerante.
Hay palabras y abrazos
que sabían tu existencia.
Viniste a mi...
entre ramos de olivos,
por donde vienen los soles,
así te recibí en mis manos,
aceite de mi boca.

Esther Ruiz.
Sé donde estoy.
Al tenerte de menos
me sobra el nombre,
el auxilio de ojos.
E.R
Cuervos negros.

Si pudieras sentir por un instante,
el dolor de estos párpados
sudados en lágrimas....
Desde la mortaja
que ciega mis ojos
serías consciente
del desprecio que habita
en tu ignorada conciencia.
Hay caricias perdidas
como un martillazo seco y rudo,
golpes de alma y cuerpo
que subyacen detrás de un día,
de un mundo, de una vida.
Te contemplo dolor
desde esta esfera de carne rasgada,
arcana desde su propio delirio,
llorar e inútilmente sacudir los brazos
para ahuyentar los cuervos negros
que a mi se ciñen sin descanso, sin tregua.
Soy yo, admite la grieta punzante
que dejó sobre mi cuerpo, en mi mente,
las manos de la destrucción,
la aberrante conducta de tus mudas soledades.

Esther Ruiz.
Ya no preguntaras que sucedió.
¿Acaso tú caminaste alguna vez
entre la ausencia y el ensueño?
Los vastos fondos del tiempo
cuentan las dimensiones...
de esta cárcel
y su grieta atroz.

Esther Ruiz.
Irrefutable amor, he pensado en estas horas en las que mis ojos quedan exiliados de los corredores de tu boca, sin nombre en la tierra, escondida entre las zarzas y sus espinas. Amargo cáliz que con decisión agoto noche tras noche, luna tras luna, tras los velos de mis párpados que sudan soledades imploro al labio que exhalará el suspiro ese que guarda el alma mía.
No hay libertad sin vuelo, ni ve...rdad sin textura. Nuestro gozo que en mi mente imagino, me guía por el inquieto deseo de tu cuello y tus cumbres.
Irrefutable amor, soy honesta con tu boca, desde este pecho abierto que subyace en mi risa, te quiero en este mar redondo, en la pluma, en el silencio y su forma,repetida y plena. En esta hora de alianzas y despojos, yo te amo, en la disciplina absoluta de tu extensa mano.

Esther Ruiz.
Tiene miedo la sospecha de nosotros, ya no somos los mismos de anoche, cruzamos las manos frente a la duda, frente a la oscuridad caliente del ensueño hecho ausencia.
Pueril la palabra que en su callar se abolía, como el grito silencioso de los párpados tristísimos al alba. Lo supimos, tú y yo lo supimos, vagabundos en presencia, fáciles sobre la nada.
No salvamos la resignación ni la muerte, ni los pasos del cadáver con su eco, entrando en el beso al revés, haciendo mil pedazos la verdad y su palabra.

Esther Ruiz.
Espectros.

Como una sentencia de ojos,
te descubro apuntando en el aire
esa soledad incrustada, tan tuya....

El tacto negro de tus manos
se sucede entre los nichos de sombras,
tus espectros por brazos
me besan los labios duros, secos.

Hundirse en la luz
hacía lo más profundo, callada,
rezumando en mis huesos
la sentencia del largo olvido.
 
Esther Ruiz.
Pobre luna, tantas entregas parten tu alma, te prostituyen los amantes, las bocas y sus sexos, te comparten sin importar cuanto pesa tu sombra sobre el río.
Pobre luna, esa pluma te desnuda noche tras noche, dueña de tu risa y de tu garganta sin pecado. Como una pompa de palabras te deshaces por los conductos de algún sueño, sin poder ser dueña de tantos, señora de nadie. En tu rostro, las buenas y primeras intenciones, los últimos y varados versos.

Esther Ruiz.
Escojo tu voz,
entre todas las voces del mundo
yo escojo tu voz.
Sabrás el porque
en tu madura y húmeda lengua,...
en el aire que beso
desde el cielo de tus ojos.
La fonética que trazas
entre tus alfareras manos,
en la curva de silencio y barro,
allí me desarmas
abriendo mi amor
ante esa materia perdurable,
tu voz.

Esther Ruiz.
Vengo intuyendo un sueño, un respiro. Ese vuelo parado
de tu libertad a la mía, ese brotar azul de tu nombre por lo corredores profundos de mi vida. Sin buscar más, sin renunciar a tu ser vulnerable, así, de esa manera calmo el mundo, quedando doblada sobre ti. Cuando parece imposible querer sin dejarlo, pisar los cielos y mirarnos desde el absoluto conocimiento de dos, acariciamos la salvación que llega porque queremos salvarnos de las ruinas de distancia, justo en ese hallazgo el amor tiembla altísimo y claro en su retorno por el tiempo sin medida. El beso de dos construyendo la pequeña muerte en el filo de sus bocas.
¿Que me traes muerte negra?
¿Tu gran obra era fustigar
el ruido para dejarme sola?
Me respondes a medias,
como la verdad final...
de un cielo recortado, negro,
ceñido a tu sombra el desgarro
y mis ganas.
¿Que me traes muerte negra?
Este chocar de esquinas
con los ojos empañados en alma,
este arrancar a puñados
del costado lacerado
mi dolor hundido en miseria.
Tanto me vaciaste
que atravieso tu aliento
mirándote de frente
en la herida sin medida
que siento en mis manos,
en el quiebro de dolor
que de ti aprendió mi pecho.

Esther Ruiz.
Acercarme a tu boca, como para no perder el sueño. Acercarme y encontrarme en ti, bajo el abrigo de tu lengua.
Encontrarte.
Esther Ruiz
Me golpeas el alma con esa ferocidad loca de tu dulzura, aterrizando la ternura de tus manos sobre el manto adormecido de algún poema. E.R
Llego con mis ojos como a horcajadas, doblegando el silencio y la mente que lo contiene. No soy de nadie, ni tan siquiera tuya. No tengo dueño ni playa, me viste el llanto y la soledad de un mundo en construcción, detrás de este luto negro que apadrina mi risa.
E.R
Regreso a ti como una costumbre rota.
Compárame con otras gentes, con esos ruidos de tierras sin palabra. Un silencio se llena de otro cuando perdemos la triste voz, con su dignidad perdida soldada al testimonio ardiente de unos labios solos. Perdóname por esta reputación solemne de amarme en la tormenta, en las conversaciones de sombras que cuchichean y riñen sobre la voluntad de los barcos y sus quillas de corazón blando, hay lluvia en la maldita tarde, en sus nubes abiertas.

Esther Ruiz.
Había algo en el color de su boca que me impulsaba violentamente a precipitarme sobre esas comisuras rojas de filo jugoso. No tendríamos tiempo de conocer París, ni de caminar por Monmartre para llegar con nuestros pies al Sacrè Coeur, no habría tiempo para encerrar el alma en Notre Dame y adivinar el silencio que allí habita, no lo había.
No podíamos esperar distraídamente que se abrieran los ojo...s cerrados que jugaban a adivinar. Pegamos el oído al cielo y más allá de las constelaciones, escogimos cuerpo, sitio, hora, comprendiendo la diferencia entre ala y vuelo, repoblando los aires, dependiendo de una voz baja. Allí, supimos el significado de la juntura que forman brazo y pecho, escapando dulcemente de las avenidas solas que nos desangraban.

Esther Ruiz.
Hoy no sé que escribir.
Ando con la humedad callada
metida en los huesos,
rota, fría, afónica...
¿Será que guardo ...
mi libertad para ti?
Clavada en el lecho
la palabra,
¿entre tú y yo?
ese brazo extendido
por no estrechar
tu querer callado.

Esther Ruiz.
Lo que queda dentro me palpita,
nutre la sangre lenta.
Mírala, te la muestro
porque eres necesario
en su ansia.

E.R
¿Y si probamos a filtrar el aire que entra por nuestras bocas?
¿quedaran insomnes los ojos y sus noches?
¿acusara la ausencia el desvarío?
No hay hueco en esta cercanía de quererte
ni en su cercenada sombra.
E.R
No hay secreto
a la hora de crear poesía.
Somos bocas rotas
que anudan tiempo y lenguas.
No hay secreto, ...
no lo hay...

E.R
Si muriera hoy entre tanto silencio, tempestades de amantes lloverían desde el cielo para recordarnos las gastadas horas que no nos vivimos. Los troncos rectos de nuestras lenguas escaparían de sus palabras en una soledad llamada ausencia y escuadrones de espera vendrían a unirse dejando atrás su esqueleto de amor y luz, para abrir almas por la mitad, en lo que de vez en cuando parece vida.

Esther Ruiz.
Y muestro esta debilidad mía de besar tu boca, queriéndote antes del silencio, hundirse en la satisfacción de dos lenguas voluntarias. El beso no podría resistir lo que resisten ellos, los ojos, el tacto, la sangre, el alma, no podría acudir a nosotros en esa intimidad creadora de los labios que palpan. Por ello, liberamos el gozo con soledades nuevas, entre una y otra, para olvidar los antiguos trajes que nos vestían.

Esther Ruiz.
No sé si por la vértebras del verbo, a través de sus grietas.
No sé como llegue aquí, instalándome entre la orilla y el acantilado de alguna poesía con nombre. E.R

domingo, 3 de febrero de 2013

25.


¿Y si inundamos la primavera

con el húmedo hueso de nuestras

propias lenguas?

¿seriamos capaces de escapar

del mundo desordenado,

de sus horas,

de sus tiempos,

de sus inútiles relojes de arena?

¿Dejarías correr los ríos,

los triunfos y sus derrotas?

Retroceder en la tarde

como regresa la mirada

audaz e íntima que proporciona

la espera.

¿Podríamos inventar el nervio

del sueño, ser el músculo que

da vida a la propia muerte?

Besar la ilusión de nuestros ojos

enfrentados sin ofensas,

sin ruegos, sin demora.

Reconocernos erguidos

bajo nuestro aliento.

¿Dime, podríamos existir

entre el vértigo y el vientre

que engendramos?

Amor, inventa el infinito,

dale forma entre la infinitud

de heridas y la nostalgia anónima

de los que eramos y hoy,

por fin, se buscan.


Esther Ruiz

26.


Tengo que desgranar las ganas,

dormir en la tierra humilde

del paladar de tu boca.

Que tu mano baje

por el puñado de huesos que soy

formando músculo y nervio,

tejido y órgano,

para completar sobre ti

el cuerpo humano que te quiere.

Esther Ruiz.

27.


Me gusta tanto la cotidianidad de tus ojos, que se me escurre por entre la mirada las cosas pequeñas.

Son esquinas profundas que se pueden contemplar sin vértigo ni espanto.

Me gusta tanto la cotidianidad de tus ojos, cuando el golpe de risa atraviesa tu boca, disfrutandonos enteros los párpados horizontales de la reposada incógnita.

Me gusta tanto la cotidianidad de tus ojos, cuando me dejas trepar por el silencio de observarme, ellos están uniformados de ansiedad cuando miran el amor de frente.

Me gusta tanto la cotidianidad de tus ojos, cuando ceñidos a los míos estás salvando el continente del día, en su embriaguez de pupilas que narcotizan todo lo que aman.

Me gusta tanto la cotidianidad de tus ojos.

Esther Ruiz

28.


Por las mañanas, resuenan los huecos que dejas entre las cinceladas sombras de la noche. Lo supuesto es la vida, por eso estamos desnudos entre torrentes de años y ensueños , traspasando los límites antiguos de antiguas carnes.

De noche la distancia es más oscura. El negro velo de sus labios es como la inmóvil flor sin primavera, como el cadáver que queda si se olvida. Al tenerte de menos me voy al encuentro con el dolor, al contacto ardiente de la noche que consume, rasga, rompe.

Entre las venas oscuras de la noche me abro a la mañana, con la razón de mis manos llenas de ruinas, voy creando el puente que nos salve de fríos futuros.



Esther Ruiz

29.


Lo que yo soy lo saben tus ojos, ansiedad diluida en un vaso de mar.

Lo que yo soy lo saben tus manos, estrofa externa de sus palmas.

Lo que yo soy lo saben tus hombros, este morir incesante en el centro de tu mirada.

Lo que yo soy lo saben tus costillas, resaca amorosa de mi vientre insurrecto.

Lo que yo soy lo saben tus sueños, amante receptivo de mi acariciador de noches.

Lo que yo soy... ¿me preguntas que soy?



Esther Ruiz.

30.


Diario de un almanaque.

Hoy me sobra el tiempo, voy trenzando los ojos a distancia. Tropiezo con muebles y lluvias imprevistas sin cansarme, con la dignidad del que cuenta risas. Me acuerdo de ti.

Hundo mi mano en la tierra para segregar el jugo de tu voz, ebriedad de sentirme labio enamorado. Todo se ordenar, el tiempo incluso completa su orden, no es verdad que este soñando. La realidad custodia los gritos del amor, su juntura y médula uniformes, a veces lo llamo dulzura. Tengo tiempo de mirar las cosas, de contemplarlas sin miedo abriendo el amor al aire, con ojos indemnes como el alma.

Esther Ruiz

31.


Verso verdadero,no importa que sientas frío en el alma, recobraremos a golpes de palabra el sudor de tu tinta.

Cuando desde las venas reventadas el poeta aprenda su ruina, acoge su sangre, su raza... entre las ranuras secretas de sus insomnes párpados.

No olvides tu condición inagotable verso, la exactitud de tu tristeza ni tu estrofa de llanto, muéstrate desnudo objeto de mi gana.


Esther Ruiz.

32.


Que me juzguen frente al mar los ojos que nos observan, asumiré la pena impuesta desde el corredor hondo de su locura. Ellos están hechos de huida, en cambio yo, me forme por tu cuerpo, por tus ganas, como se forma un futuro a tragos lentos.

Esther Ruiz

33.


Estúpida vida que quería vivir sin nuestros brazos.

La vaga imagen de los espejos nos hacía regresar la mirada. El rostro fiero y corpóreo en su resignación absoluta de muerte, desafiaba el ejercicio rítmico del cuerpo que lo sostenía.

¿Donde te encontrabas entonces, antes de que mi carne fuera carne? cuando mis manos dormían el letargo impuesto por la temerosa costumbre de sentirse vacías. Interrogo la astucia mortal que en mis huesos engendraron ausencias, viviendo el efímero sueño del pasado.

Tengo que rodear tu presencia, en el instante que exalta el hueco por donde llega tu mirada, quedarme allí, sobre esta obligada prisa que inexorablemente te entrega el mundo en un pequeño gesto, en un latido de brazos.



Esther Ruiz

34.


A grandes saltos

se abre la tierra profunda.

En ambos lados

tú y yo

apartados

asesinando despacio los días.



Esther Ruiz

35.


Hay silencio.

Las estancias llenas de silencios. Perforan el tímpano del tiempo en su flujo callado, se quedan, se meten, se adueñan. Son silencios bellos, brotan del interior al borde de todas las cosas. Revotan en las paredes, en el escritorio, en la taza de café, en las letras. Son como estaciones de trenes, como ramas de lluvia que golpean torpes la vidriera.

Hay silencio.

Para hacer el amor, hace falta silencio. Retorcerse en el sonido que abraza el buen amor, en las voces que se llaman y que se están mirando. La carne estremecida tiembla entre tierra y agua, a bocanadas bebiendo vida y muerte, declarando vencido el enorme corazón.

Hay silencio.

Íntimos silencios para el cuerpo que se ofrece. También te amo en esta hora de silencio.



Esther Ruiz.

36.


Si vencemos al crepitar desnudo del silencio, a los despojos rotos que quieren amordazar las lenguas, a la permisible sombra con sus labios sonrientes, al desahucio de los dedos, a la prisión de la piel dormida, a la arquitectura de los sueños vacíos, al aniquilado contacto del fuego y el agua, a la dureza de las bocas que no conocen, a la palabra quebrada, a la ignorancia preñada de dudas, a la soledad y a su brecha imparable, a la espada mortal que destruye el “somos”, a los miembros con límites, a las entrañas yermas, a los juicios sin aliento...

Si vencemos, dejaremos de ser almas ciegas.

Esther Ruiz.


37.


Ahora que somos tú y yo

que dejo de escribir para llamarte,

para nombrarte desde el pensamiento hacía la palabra.

Ahora que las bocas juntas

tropiezan con el corazón desmesurado.

Ahora... nuestra carne será la recompensa

al insulto silencioso del profundo océano.

Esther Ruiz.

38.


Te muerdo con dientes de amor...entre los rumores de la aurora voy depositando en ti los labios que embisten, vaciando mi ternura en tu boca.

Con pulmones abiertos y frases cortas, voy profanando el recurso absurdo de andar solos, lo deshago, lo interrumpo, lo elimino de nuestras córneas. Dejo libre los párpados para observar los techos del mundo que nos acoge, que nos guarda bajo mantos de estremecida carne, sobre heridas cicatrizadas de otras vida.

Te muerdo con dientes de amor... la luna gira en su cielo para sacar la vida en su muerte, un minuto de amor basta para presenciar la dulce espera que producen los labios partidos a besos, el ruido del mundo es el ruido del placer compartido en la noche. Sé tú el límite de mis ojos, la palabra que quiebra el propio amor que en mi respira.

Te muerdo con dientes de amor... con la memoria de los labios entreabiertos.



Esther Ruiz

39.


 Me concediste
indulgencia plenaria
para el futuro descuidado,
y abriendo los ojos
ya sin prisas,
te susurro
desde el borde de mis labios...
nos hemos encontrado
sin sufrir memorias.

Esther Ruiz
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40.


Hay días que se abren ante una luz mayor, sin grietas, sin cuestas, libres.

Fijarse en los sentidos es como abrir el sueño a la distancia, entre dedos invisibles, sin quejas ni horas vagas. Ojos despiertos como lenguas de brisa, el cuerpo orillado recogiendo palabra esa es mi felicidad.

Intacta y reclinada la franqueza de quererte. Tú, una mitad que inventas. Yo, invento que existe. Residentes del misterio que vive voluntario entre dos voces voladoras.

Esther Ruiz.


41.


Las manos son inocentes, acuden siempre desprendidamente al contorno exacto de la madrugada.

Inventoras del pecado, aman al autor lento de su alegría. Acaban en delirio y mentira, cuando austeras, pierden la forma fiel de la mañana.

¿Que recorrido tienen las manos? Enamorarnos y resistir a nuestra propia muerte desde la caricia pura, blanca. Las manos son blancas, exentas de fondo.

A veces confunden la vida e inventan anillos donde aprisionar su forma libre, intacta. Por eso, quiero tus manos libres, sueltas, inocentes.

Esther Ruiz.


42.


Te debo la razón escapada del mapa, la alegría sola que me arranca de la duda, la historia, los siglos que ante mi pasaron queriendo con los ojos. El sueño que duermo, los párpados del aire, la cuenta distinta que se multiplica en la noche. El recuerdo sin olvido, las miradas de tiza, y el amor del hombre detrás de la sombra de sus codos, el sueño de cenizas húmedas.

Te debo el desnudo de los huesos, la palabra mía, mi conciencia, la sílaba necesaria para el silencio. El hambre del alma, del pan, los pulmones que se expanden abriendo al aire su vida, el temblor firme del jadeo agitado. La raíz honda de tu tierra, el dedo acusador, mi bello erizado, el hilo de mis dedos, el grávido amor que en ti deposito.

Te debo los brazos largos, el ceño fruncido, la libertad de la pena, la verdad segura, y te debo....la última forma de amar, como el que se debe al último amor.

Esther Ruiz.

43.


 

Estamos de mudanza sin habernos movido, tan de carne y hueso. Cada paso que doy es sin retorno.

Conspiran las palabras para ser nosotros, por bocas, por los libros, llevándonos muy cerca, mostrando como somos a quien ya no pueda conocernos.
 E.R

44.


 

Un mundo despejado, avanzando por el viejo suelo la infancia dormida y el olvido memorable. Asiéndome el verso desde el mismo borde del alma, por amarte lentamente con la indulgencia lenta que escucha. Detrás de la carne entregamos al día millones de palabras, y allí también te espero, para quedarnos solos, girando sobre cinco, diez, veinte años de ausencias, de imposibles realizados.

El alma resiste el peso de almanaques, más no resiste la vida ciega sobre un mundo que tiembla. Tropieza en mis manos el corazón mío, ahora que le dí lo que pedía, un mundo despejado.

Esther Ruiz.

45.


Orden de hojas blancas

escucho el mar.

Aleteo de aves

me van llevando

al contacto con la vida,

a la presencia que abraza.

Tranquila desdoblo el alma

entre las horas que fueron

y vinieron de ti.

Madura el instante

en la puntualidad astronómica,

en las almohadas vacías

que reclaman tiempo perdido.

Hacen mano y labios los días,

pidiendo abrirse en la mañana

despacio...hasta el fin.

Esther Ruiz.

INSTINTO PRIMERO.


Envuélveme insistentemente en los vocablos de la palabra ligera. ¿Es suficiente una vida para yacer sobre el verso herido? Un día completo sin tus ojos, es contemplar la pared gris de un muro de hormigón que consiente vivir bajo un cielo azul, inalcanzable ante sus dedos de cemento y arena.

Dirígeme las manos hacía el mismo centro del miedo, arranca el tropiezo torpe de mis días y sus noches, recomponiendo con tu voz el instinto primero de amarte. La gramática de los recuerdos rotos, emborronan el aire en la madurez de sus horas, pero tú difundes de la palabra de vida, con la realidad del sol en tu frente.

E.R

SILENCIO PROSCRITO.


No hay nombres sobre el asfalto, deambulo en el sueño como acercándome a un destino. Como un fantasma mudo, en una nación sin frontera. Silencio... proscrito y anónimo, dejo en ti mi cansancio de vida, el dolor de todos los hombres que sobre ti murieron. E.R

DICEN DE MI.


 



Vivir hacia arriba en la dulzura de este privilegio, entre las líneas extrañas de la sangre en vuelo, donde poco a poco agoniza y se muere la inolvidable pausa. Allí donde se forma palabra y boca verticalmente, resurrección más que muerte.

Dicen de mi... que creo el amor formando ondas, extensas ondas de carne y deseo, para que la gente que nos mire, observen sus manos sueltas y practiquen el milagro contagios de las sábanas comunes y las espaldas dormidas, hombro con pecho, sueño con tacto.

E.R

FULGIR


 



Qué dialogo angustiado el de la vida y la muerte.

Empújame al ingrávido ardor sin cálculo del cuerpo limpio y desnudo. Enroscada al pulso superviviente de debértelo todo, del amor que tú te enamoraste.

Dejar al cuerpo marcharse sin perfumes ni materias, sin el afán de no separarme de ti entre los labios, entre las delicias rápidas del rápido mundo. Desprendidamente, calcular los besos fúlgidos de tiempo para salvar los motivos y las causas de nuestra vida... de nuestra propia muerte.

El amor no es ciego, los ojos del que ama son justicieros como sus sombras flotantes sobre el agua.

El mundo es nuestro, porque anoche así lo quisimos.



Esther Ruiz

PRONUNCIACIÓN MUDA



Ya estoy de camino, sin detenerme por ir a buscarte. Donde se escribe, con lo que se escribe. En el tiempo infinito que muestran tus ojos, voy callando como el amor que lucha en la pronunciación muda de nuestra palabra.

E.R